China encadena 46 días consecutivos sin registrar un solo contagio local. La población China parece enviarnos un mensaje de cero miedo con respecto al COVID-19.

De hecho es el festival del Medio Otoño el parcialmente responsable de este periodo vacacional, que se junta con el Día Nacional, hoy, 1 de octubre, para proporcionar a los chinos una de las dos vacaciones “largas” de que disfrutan cada año.

La anterior había sido en enero, durante los festejos del Año Nuevo lunar, y entonces el país se vio obligado a permanecer encerrado en sus casas puesto que coincidió con los primeros compases de la pandemia de coronavirus.

En vísperas de la pasada “nochevieja china”, el Gobierno puso la ciudad de Wuhan en cuarentena el 23 de enero y hasta se prolongaron las vacaciones en todo el país después, para evitar los desplazamientos masivos (y con ellos, una posible proliferación de contagios) que caracterizan esas fechas. Sin embargo, las imágenes de ciudades vacías, casi fantasma, no se repetirán en estas vacaciones, con ofertas turísticas de toda índole, descuentos, hoteles llenos y billetes agot

ados.

En el centro de Pekín, donde en los días más crudos del virus uno podía escuchar sus propios pasos, hoy el barullo vuelve a ser protagonista, mezclado con la imagen de las omnipresentes banderas chinas que cada portal planta a la entrada del edificio.

En los alrededores de la Ciudad Prohibida, el antiguo palacio imperial (reconvertido en museo), riadas de gente paseaban -muchos con la enseña china a cuestas-, seguían al guía del tour organizado de turno o se fotografiaban, excusa perfecta para quitarse momentáneamente la mascarilla.

Solo éstas desbancaban a las banderas como elemento más repetido del paisanaje, mientras la distancia de seguridad queda como un recuerdo lejano. Las entradas para visitar el monumento están agotadas durante todas las vacaciones, hasta el 8 de octubre.

El mismo panorama se ve en la Gran Muralla: en el tramo más cercano a la capital china, el de Badaling, incontables visitantes subían y bajaban pacientemente por el monumento debido a la aglomeración de gente.

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